La Newsletter de Violetas las flores

Una vez al mes escribo cartas en las que uno mis impulsos de aire y tierra.

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    Diario del Amazonas

    Fragmentos del Diario del Amazonas

    Tabatinga, 10 de enero de 2017

    Día 1

    Estoy en la hamaca colgando del barco. Ya es de noche. Estuvimos hasta ahora esperando para salir, pero hoy el barco permaanecerá quieto. Nos dieron muchas explicaciones, todas en portugués. Algo entendí, otro tanto me tradujeron y muchísimo lo tuve que suponer.

    El día empezó con una tormenta. Desde la noche del 12 para el 13 de febrero del 2016 que la considero buen augurio. Como señal de cambio. De un movimiento intenso que me da miedo y felicidad de manera proporcionada. Y justamente eso significa este viaje en barco. En sí mismo y por lo que viene después. Sé que es mi despedida del viaje, aunque no termine de decirlo en voz alta.

    Día 2

    Dormí profundamente. Me despertó un rumor tranquilo, que luego la cara de P. materializó: el desayuno. Faltaban aún unos minutos para las 6 de la mañana. Sin mediación de baño ni nada, fui rápido a por mi café. Me había quedado una arepa del día anterior, que fue el complemento perfecto. Para los próximos días tengo los “snacks” de maíz.

    Un poco después, nos avisaron que teníamos que bajar con todo de nuevo para que nos hicieran la revisión que tendrían que haber hecho el día anterior.

    De nuevo a las filas. Pero hoy con más calor. Aproveché para empezar a leer “Ébano”, que me lo estaba reservando para esta travesía. Me atrapó enseguida y no pude escuchar los comentarios de un señor cubano que vivió dos años en Montevideo. Por lo que oí por arriba, bien a lo cubano, odió nuestro invierno y piensa que la marihuana legal nos está arruinando.

    Me cuesta animarme a hablar en portugués. Me suena falso, no puedo.

    Finalmente sueltan al perro. Por suerte escucho que le dicen al primero en cuya mochila el perro se para (un viajero de Venezuela) si tiene, entre otras cosas, yerba mate. Y ahí pienso: “Mierda, me van a revisar”. Tal cual: el perro se detuvo en mis cosas. Estaba muy tranquila y en seguida le mostré la yerba. Hicieron una nueva prueba: pusieron una bolsa con la yerba entre muchos bolsos y el perro fue directo para ahí. Lo gracioso fue que me sacaron sólo la yerba de la marca que “reconoció” el perro, la otra me la dejaron. Como sigo teniendo 1kg, voy a un lugar muy caluroso y en breve a Uruguay, no me enojó nada. Pero si hubiera sido en otro momento del viaje me moría.

    Finalmente subimos al barco ya para quedarnos.

    Nos quedamos en el mismo sitio donde dormimos ayer. Estamos con un chileno (que está recorriendo todo el Amazonas) y una alemana que conocimos en la fila ayer. Hay también otros extranjeros: australianos, peruanos, venezolanos, argentinos, colombianos y franceses. La mayoría son brasileros. El portugués, obviamente, es el idioma oficial.

    Estamos en el piso principal. No está tan lleno como el barco de Perú. La comida es mucho mejor y se sirve en el comedor. Hay agua fresca siempre. También hay más vida. La gente conversa, escucha música. Las mujeres aprovechan para hacerse la tinta. Hay gente que viene viajando hace días en barco: muchos comerciantes de Iquitos, por ejemplo. Se bañan, hacen hogar rápido y de manera natural.

    Es su medio de transporte obligado, más que por excelencia.

    Día 3

    Ocurre a menudo que el habitante del lugar y el que llega desde lejos tienen grandes dificultades a la hora de encontrar un lenguaje común, pues cada uno de ellos se

    sirve de una óptica diferente para mirar el mismo paisaje. El visitante usa un gran angular, que le da una imagen alejada y reducida, y, en contrapartida, una larga línea de horizonte; en tanto que el interlocutor local siempre ha usado un teleobjetivo o incluso un telescopio, que aumenta hasta el detalle más insignificante.

    Ryszard Kapuscinski, Ébano.

    Miro el Amazonas y no logro verlo. No puedo concebir que voy navegando sobre todo su misterio. Todos mis miedos y certezas. Así como mi entusiasmo. Su corriente y su fuerza me impulsan a un viaje profundo. Contemplarlo también es medicina. Me alivia la carga que hace mucho tiempo decidí que debía cargar en mis hombros. Me muestra que si lo reparto bien no pesa. O que le puedo tirar un salvavidas y dejarla correr a su suerte. O atarla a algo pesado que se hunda en las profundidades. Hay miles de caminos. Miles de posibilidades. Yo solo soy un puntito con la capacidad de ubicarme en el mapa a mi gusto.

    Es la metáfora perfecta de lo que estoy sintiendo hace días. La selva, que desde hace tiempo me habita, es el fin y el arranque de una nueva etapa. ¿Cómo me despido de la Laura viajera? ¿Me despido? Yo creo que no. Estuvo y seguirá estando dentro de mí siempre. De hecho, lo que trato de comenzar es para darle nuevos aires a esa Laura, para fomentar y realizar sus deseos.

    Siento que mi vuelta a Montevideo es la continuación, no el fin del viaje. ¿Entonces por qué la despedida?

    En realidad, sería la despedida de las Lauras viajeras en plural. Eso es lo que me cuesta.

    Hace un rato vivimos una pequeña tormenta. En la madrugada, habíamos atravesado otra. Arrancó con un viento delicioso, que al ir creciendo me empezó a preocupar. Especialmente porque se escuchaban truenos y se veían relámpagos. La gente estaba tranquila. Pero mi vecina de hamaca me hizo apagar el ebook y todo porque alguien había muerto (o su objeto electrónico se había roto, no le entiendo nada) alguna vez. Yo le hice caso. Pero cuando menguó, aproveché para leer. Es que cuando llega la noche me quedo sin entrenamiento,

    Hoy hizo más calor y me dormía a cada rato. Eso no me gusta, me deja boba todo el tiempo.

    El viento sigue, pero el cielo está más despejado. Hay que dejar cosas pesadas en las hamacas para que no se vuelen. Es raro sentir frío después de tanto calor. Igual prefiero. El calor inhabilita. Por suerte el barco sigue avanzando.

    Día 4

    Terminé de leer “Ébano” y empecé “Todo cuanto amé” de Siri Hustvedt, del que cito:

    Las figuras en blanco y negro de aquellas fotografías se han visto obligadas a usurpar el lugar de mis recuerdos, y sin embargo siempre he sentido como si sus tumbas anónimas hubieran llegado a convertirse en parte de mí. Lo que entonces quedó sin escribir se ha visto posteriormente inscrito en lo que hoy conozco como mi yp, y cuanto más vivo más convencidoe stoy de que cuando digo “yo”, en realidad estoy diciendo “nosotros”.

    Hoy tuvimos la primera “caída”: Andrés, el chileno, está desde la mañana en la enfermería.

    Nuestras vecinas diosas se fueron con un show digno de su personalidad. Vino un barco a buscarlas expresamente y llevarlas al puerto de su destino. Ya se siente el vacío físico y emocional de su ausencia. Eran como una pared protectora y mediadora entre el portugués y el español.

    Hoy tuvimos, finalmente, la visita de varios delfines. Se fueron dejando ver de a poco. Tenían la mitad del cuerpo gris y la otra rosada. Los últimos saltaron y todo. Fue un bello regalo que nos levantó el ánimo.

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